Juan Lacassie
Cielo

Más de 1.500 saltos: el cielo según Juan Lacassie

Lo que empieza como una descarga de adrenalina termina, mil saltos después, convertido en otra cosa: una forma de mirar el mundo desde arriba y de tomar decisiones con calma.

Más de 1.500 saltos: el cielo según Juan Lacassie
1.500+saltos
60 sde caída libre por salto
4.000 maltura de salida

En el paracaidismo deportivo hay una frontera invisible que se cruza sin ceremonia. Los primeros cien saltos son de aprendizaje; los primeros quinientos, de oficio. A partir de los mil, el salto deja de ser un evento y pasa a ser un lugar al que uno vuelve. Juan Lacassie lleva más de 1.500. Es una cifra que en las zonas de salto de cualquier país lo ubica entre los paracaidistas experimentados, y que en su vida ocupa un espacio distinto al de un hobby.

Lo que no se ve desde abajo

Desde tierra, un salto dura lo que tarda en abrirse la campana: un punto en el cielo, un tirón, un descenso lento. Desde arriba es otra cosa. Son sesenta segundos de caída libre en los que el cuerpo entero es el timón, y después cinco o seis minutos bajo la vela en los que el mundo se ordena: la cordillera de un lado, el mar del otro, los campos como un mapa que alguien dibujó a mano.

Cuando Lacassie habla de saltar no habla de adrenalina; habla del cielo. Después de los primeros cientos de saltos la adrenalina se va, y lo que queda es lo importante. El silencio bajo la campana. La vista. La sensación de que todo lo que parecía urgente allá abajo, visto desde cuatro mil metros, tiene su tamaño real.

Disciplina, no valentía

Hay un malentendido habitual sobre este deporte: que se trata de tener valor. En realidad se trata de tener método. Cada salto se prepara igual, se revisa igual y se ejecuta igual, sin importar si es el número diez o el mil quinientos. El paracaidista experimentado no es el que se atreve a más; es el que ha convertido el procedimiento en reflejo y no se salta un paso ni cuando el día está perfecto.

Esa disciplina es, para Lacassie, lo más valioso que le dejó el cielo, y lo que más se parece a su manera de trabajar: decidir con la información disponible, ejecutar sin dudar y corregir en el aire si hace falta. Un salto no admite reuniones de seguimiento.

El cielo y el mar

El paracaidismo y la navegación a vela, sus dos pasiones, tienen más en común de lo que parece. Los dos dependen del viento. Los dos exigen leer el clima antes de decidir. Los dos castigan la improvisación y premian la preparación. Y los dos ponen a la persona frente a algo mucho más grande que ella: el cielo abierto o el mar sin bordes.

Lacassie ha organizado su vida para que ambos tengan lugar. Cuando no está saltando, está navegando; cuando no está navegando, está en el sur de Chile, en el bosque o frente a un lago. Las empresas se construyen mejor cuando la cabeza vuelve de algún lugar alto.

Juan Lacassie · 13 de septiembre de 2026