Juan Lacassie
Mar

Navegar a vela: el mar según Juan Lacassie

Del Pacífico chileno a las calas de Menorca. Cómo la navegación pasó de ser un pasatiempo a ser una manera de vivir, y de paso, el origen de una empresa.

Navegar a vela: el mar según Juan Lacassie
PERtítulo en curso, Barcelona
24 meslora habilitada
Menorcaagosto 2026

Hay una regla no escrita entre los que navegan a vela: el mar no se domina, se negocia. Se lee el viento, se estudia el parte meteorológico, se decide la ruta y después se acepta lo que venga. Juan Lacassie lleva años en esa negociación, y es probable que sea la actividad que mejor lo describe.

Del Pacífico al Mediterráneo

Es chileno, y el Pacífico que bordea su país es frío, abierto y poco indulgente: un mar que enseña respeto antes que técnica. El Mediterráneo le ofreció otra escuela: aguas más amables, distancias cortas entre puertos y una cultura náutica de siglos.

En agosto de 2026 pasó varios días navegando por Menorca con un grupo de amigos, con uno de ellos como capitán. Calas de fondo de arena, fondeos al atardecer, pesca desde la popa, el generador que falla y se arregla en cubierta, la lectura diaria de las alertas de viento. Es la clase de viaje que no tiene nada de espectacular contado desde afuera y que, para quien lo vive, es lo más cercano a estar en el lugar correcto.

El título

Navegar bien no es lo mismo que navegar con papeles, y en Europa los papeles importan. En septiembre de 2026 Lacassie se inscribió en Barcelona para obtener el PER —Patrón de Embarcaciones de Recreo—, el título español que habilita para gobernar embarcaciones de hasta 24 metros, con la formación práctica a bordo de un velero de 44 pies y el examen teórico ante la Generalitat de Cataluña.

Que alguien con años de mar decida sentarse a estudiar cartas náuticas, balizamiento y reglamento de abordajes dice algo sobre cómo entiende la experiencia: como algo que se sigue construyendo, no como un punto de llegada.

Una empresa que nació en cubierta

Fue en ese viaje por Menorca donde apareció la idea de AMARRA. Alquilar un velero por una semana sigue siendo, para la mayoría de la gente, un trámite opaco: precios que cambian según quién pregunta, intermediarios que recargan, información dispersa. Lacassie pensó que podía hacerse de otra manera y, a las pocas semanas, la agencia estaba en línea.

AMARRA ofrece hoy unos 4.000 barcos en 44 destinos, con acuerdos con operadores en más de treinta países, y trabaja con una regla clara: el cliente paga lo mismo que pagaría en la base, porque la agencia vive de la comisión del operador y no de recargar el precio. Es un negocio hecho por un navegante para navegantes, y se nota en los detalles: en cómo se describen los barcos, en qué destinos se priorizan y en qué preguntas responde el sitio antes de que se las hagan.

Por qué el mar

Si se le pregunta por qué navega, la respuesta se parece a la del paracaidismo: por la naturaleza. Por estar durante días en un lugar donde el horizonte no tiene nada construido. Por dormir con el ruido del agua contra el casco y despertar con la luz sobre una cala vacía. Por la forma en que el mar obliga a estar presente, atento a cada cambio, sin espacio para lo que no importa.

En el mar, como en el cielo, Lacassie encuentra la misma cosa: escala. Y vuelve a tierra con la cabeza en su sitio.

Juan Lacassie · 13 de septiembre de 2026